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La alimentación viva se basa principalmente en frutas, verduras, frutos secos, semillas y granos germinados, algas, setas, hierbas aromáticas y especias. La utilización de técnicas, como el licuado, el corte, la maceración, la germinación, la deshidratación, la fermentación, y de estos ingredientes en nuestros platos nos permite distinguir la pureza, el aroma y el color de cada uno de ellos, al mismo tiempo que gozamos de todo el conjunto.

Estos alimentos aportan carbohidratos, proteínas y grasas. Los carbohidratos son de fácil asimilación y nos proporcionan energía. Las proteínas vegetales no están desnaturalizadas por la acción del calor ni de ningún proceso industrial y son completamente asimilables por nuestro cuerpo. Y la mayoría de las grasas no están oxidadas, por lo que son mucho más saludables. Tienen abundantes vitaminas, minerales, fibra, fitonutrientes, y sobre todo, enzimas!

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LAS FRUTAS FRESCAS son principalmente portadoras de hidratos de carbono, complementados con proteínas, grasas, minerales, vitaminas, enzimas fibra y agua. Actuán como potentes antioxidantes de rápida y fácil asimilación, y colaboran de forma importante a equilibrar, fortalecer, revitalizar, desintoxicar y depurar el organismo. Ideales para comenzar el día, snacks, batidos frutales o batidos verdes o inclusive en ensaladas. Evitarlas como postre, ya que la rapidez y facilidad de su digestión frente a otro tipo de alimentos provocaría su degradación al tener que adaptarse al ritmo de estos, en otras palabras, hinchazón.

También pueden prepararse deliciosas combinaciones de dos o tres tipos de fruta, excepto el melón y sandía, que deben tomarse solos para disfrutar de una mejor digestión (leer mas sobre combinación de frutas aquí). Lo mejor es que podemos disfrutas de ellas durante todo el año, aunque cada estación nos ofrece su particular surtido de frutas. Es entonces cuando se encuentran en su mejor momento y al mejor precio, por lo que podemos elegirlas según nuestros gustos y apetencias para disfrutar de su increíble energía que nos aportan. Si quieres seguir leyendo sobre la importancia de la fruta fresca o dieta en base a ella, haz click aquí.

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LAS FRUTAS DESECADAS son las que han sido sometidas a un proceso de secado (extracción de una parte del agua), ya sea exponiendolas al calor del sol, o bien sometiéndolas a dispositivos de deshidratación. Las variedades más populares son las pasas, higos, dátiles, ciruelas y duraznos. Todas ellas tienen un nivel alimenticio muy elevado debido a la alta concentración de nutrientes, producida por haberse reducido notablemente la proporción de agua que tenían en estado fresco. Constituyen un tipo de alimento muy beneficioso para la salud porque es un manantial abundante de hidratos de carbono. Éstos se incorporan con rapidez al torrente sanguíneo sin necesidad de sobrecargar la digestión, por lo que son energía disponible para el cuerpo en muy poco tiempo. Además de los azúcares (hidratos de carbono) mencionados, las frutas desecadas contienen una concentración de proteínas, fibra, minerales, vitaminas y oligoalementos. Por su riqueza nutritiva, su consumo es cómodo, sobre todo en caso de realizar excursiones, largas caminatas o como snack durante las clases. Son fáciles de llevar y rápidas de digerir, y su aporte energético es elevado. También son ideales para reemplazar el azúcar en la preparación de dulces, sustituyen con incomparable ventaja al azúcar blanca o cualquier otro edulcorante artificial.

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LAS HORTALIZAS Y VERDURAS son plantas herbáceas con partes comestibles, ya sean sus hojas, raíces, flores o sus frutos. Es el caso de la betarraga, de la que se puede aprovechar tanto la raíz como sus hojas, lo mismo aplica para la zanahoria, coliflor y brócoli, entregándonos hojas realmente nutritivas que por lo general se van a la basura. Estas son ideales para incluirlas en los batidos verdes, al igual que la espinaca, acelga, rúcula, diente de león, lechuga, albahaca, cilantro, perejil, entre otros. En general, tanto hortalizas como verduras se pueden comer trituradas en sopas y zumos, asi como troceadas en las ensaladas. Su variedad en sabores y colores aportan frescura y enormes recursos saludables a nuestros platos del día a día. Todas las hortalizas y verduras tienen una gran cantidad de agua y variadas proporciones de minerales, hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, enzimas y otras sustancias indispensables para el organismo, además de la fibra. Ésta es importante porque contribuye a regular el tránsito intestinal y evitar el estreñimiento. Ademas, la fibra ejerce una función protectora de las enfermedades degenerativas. Este grupo se puede decir que constituye una completísima despensa para la nutrición.

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LOS CEREALES Y LEGUMBRES tienen una característica por ser alimentos “concentrados” que no se pueden consumir tal como se recolectan. Podemos utilizarlos en la cocina cruda creativa siempre que los germinemos. Con la técnica del germinado, no sólo se evite la pérdida de sus propiedades naturales, sino que se potencia su valor nutritivo, siendo ésta la mejor forma de utilizarlos. Por medio de la germinación, las semillas dejan de ser granos y se convierten en brotes de plantas, tales como los que encontramos en las tiendas como el brote de alfalfa o brotes de poroto mung (diente de dragón). Es la etapa en que están presente, entre otras, y con toda su potencia, las enzimas, vitaminas, minerales, clorofila, proteínas e hidratos de carbono simples. Es el momento en que la planta se encuentra con la mayor energía vital, por lo que constituye el momento ideal para ser consumida. Dentro de este grupo de alimentos se consideran todas las variedad de poroto, garbanzos, lentejas, quinoa y trigo.

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LOS FRUTOS SECOS Y SEMILLAS encontramos las almendras, avellanas, nueces, sésamo, girasol, calabaza, entre otros. Se caracterizan porque la parte comestible, que es la semilla, contiene muy poca proporción de agua. Este tipo de alimentos son muy concentrados en nutrientes y representan una fuente de energía muy recomendable a cualquier edad, siempre tomadas con moderación. Con predominio de grasas vegetales, también encontramos proteínas y minerales como el magnesio, el potasio, el calcio, el fósforo, el hierro y el zinc. En cuanto a vitaminas destacan las B y E. Su elevado contenido en fibra favorece la dinámica intestinal, en contra del estreñimiento. Todos estos componentes de los frutos secos y semillas benefician el sistema nervioso general. Por ello se recomiendan tanto para mejorar el rendimiento de quienes por su trabajo llevan a cabo una intensa actividad intelectual, como para los que estén sometidos a estrés. No olvidar su poder energético ideal para quienes realizan importante actividad física. Por su elevada proporción de grasas, son alimentos difíciles de digerir, por lo que deben masticarse muy bien y tomarse en raciones muy moderadas. Se recomienda ponerlos en remojo unas horas antes de consumirlos, ya que al remojarlos la semilla empieza su actividad vital, las enzimas se multiplican, los inhibidores se liberan y se mejora el sabor a la vez que se hacen más asimilables.

OTROS. Los alimentos crudos o vivos han nutrido a la humanidad desde sus orígenes. Los argumentos a favor de ellos son convincentes y están apoyados por gran cantidad de personas, incluso en los ámbitos de nutrición y medicina, desde donde avalan sus magníficas propiedades y su incidencia directa en nuestra salud 🙂



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