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Últimamente la caza de animales (como deporte) ha generado revuelo en las redes sociales y sobre todo el caso de la actriz Lucero, personaje que presta su imagen para la Teletón Mexicana pero que a la vez disfruta de la caza de elefantes y otros animales junto a su marido. Entonces ahi nos preguntamos ¿Cómo es que promueve compasión y empatía hacia personas con discapacidades, siendo que disfruta de la caza de otros seres vivos no humanos? En fin… este episodio me recuerda a uno de los capítulos de los libros, nutrición vitalizante, de Nestor Palmetti. Capítulo que compartiré en este post ya que explica de manera sencilla como los humanos somos animales frugívoros, hermanos del chimpancé debido a la similitud fisiológica y cómo estas condiciones no nos hacen ser carnívoros por naturaleza, como muchos suelen creer.

SOMOS MONOS ADAPTADOS

tumblr_inline_myso1kVvKW1rs6t7uLos modernos estudios de secuencia genómica han confirmado una relación tan estrecha entre chimpancés y humanos, que los investigadores piden que se reclasifique al chimpancé como parte de la familia del humano, en el genero homo. Apenas el 1% de los genes nos diferencian del mono, aunque recientes estudios consideren alguna diferencia mayor, lo cual no invalidan nuestra similitud fisiológica.
Los monos poseen una incuestionable naturaleza frugívora. La dieta fisiológica de los chimpancés se basa en frutas, hojas, semillas, raíces, tubérculos, insectos…, todo crudo. Para estos alimentos están diseñados su sistema digestivo, sus secreciones gástricas, sus enzimas, sus musitas intestinales.

Fisiológicamente no somos omnívoros ni carnívoros. Estos animales están dotados de fluidos digestivos especiales (saliva ácida, secreciones gástricas 10 veces más abundantes, más enzimas hepáticas) e intestinos cortos (3 veces el tronco) para desprenderse velozmente de los desechos tóxicos que genera su alimento natural y fisiológico; la carne. Tienen un aparato mandibular capaz de moler huesos, les permite neutralizar la acidez de la carne y sus residuos tóxicos.

tumblr_inline_mysluejdi91rs6t7uLos humanos no tenemos colmillos ni garras, por lo cual somos incapaces de cazar grandes presas sin el auxilio de armas. Es por ello que los animales “proveedores” de carne no temen a un humano desarmado, al no considerarnos naturales depredadores. No somos veloces sino más bien ágiles, no tenemos vista y olfato desarrollados, y naturalmente nos impresiona la sangre.

Tampoco podemos considerarnos herbívoros, ya que el exclusivo consumo de hojas requiere un aparato digestivo especializado en el procesamiento vegetal (cuba de fermentación, estómago con cuatro cavidades, capacidad de rumbear, 40hrs de tránsito intestinal, etc). Dicha estructura la poseen animales como la vaca, pero no los humanos.

Ni si quiera podemos calificarnos como granívoros. Los animales naturalmente adaptados al consumo de granos, tienen toda una fisiología desarrollada en función a este grupo de semillas con alto contenido de almidón: los cereales. Las aves, a diferencia de los humanos, tienen gran estructura digestiva (buche y dos estómagos), poseen un sistema cardiopulmonar adecuado al metabolismo del almidón y disipan rápidamente la abundante energía liberada a través del esfuerzo físico (vuelo).

En cambio, los humanos poseemos características propias de animales frugívoros:

  • Manos para recoger frutos
  • Mandíbulas débiles
  • Caninos poco desarrollados
  • Incisivos para morder frutos
  • Molares para moler semillas
  • Saliva alcalina para desdoblar almidones
  • Estómago débil y poco ácido
  • Ausencia de enzimas para neutralizar sustancias provenientes de la descomposición de animales muertos (cadavérica, putrescina)
  • Sangre ligeramente alcalina.

Comparaciones fisiológicasA nivel intestinal, nuestro diseño biológico prevé un intestino grueso de gran capacidad, que recoge los desechos de difícil digestión (celulosa, lignina) para su aprovechamiento final en un ambiente naturalmente ácido. Justamente los desechos de granos, raíces, frutos y semillas, que estimulan el movimiento peristáltico del bolo alimentario, generan ácidos (carbónico, láctico, acético).

En cambio, la carne no tiene fibra (el intestino de los carnívoros no requiere estímulo peristáltico por parte del bolo) y no deja residuos indigeribles: su transformación microbiana genera compuestos alcalinos (amoníaco y otras bases). Las deposiciones de los carnívoros son escasas y malolientes, mientras que los frugívoros tienen evacuaciones abundantes e inodoras.

Y entonces ¿que pasó en el camino? ¿descubrimos el fuego, empezamos a cazar y nuestro organismo ya se acostumbró al consumo de animales?

Sigue leyendo esta interesantísima nota en el sitio web de N. Palmetti 🙂



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