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Día a día nos vemos enfrentados a una dura realidad; miramos nuestro refrigerador o despensa y decidimos –ya sea por comida descompuesta o por estética– eliminar alimentos de nuestro hogar. Generalmente no hacemos una reflexión del por qué sucedió, sólo lo hacemos, naturalizando esta realidad en nuestras vidas. Lamentablemente, esto no ocurre sólo en nuestros hogares, es una realidad en todos los niveles de la producción de alimentos.

Globalmente se pierde hasta un tercio del alimento producido destinado al consumo humano (aproximadamente 1300 millones de toneladas según la FAO) siendo frutas, hortalizas, raíces y tubérculos los con mayor tasa de desaprovechamiento. Esto por el proceso de producción del mismo o secundario a la distribución y comercialización.

Frutas y verduras son discriminadas por la industria al no cumplir estándares convencionales del “cómo debería lucir un producto” y a las personas no se les permite este tipo de suministros por poseer variados colores, formas y tamaños, pero con el mismo valor nutricional que “los alimentos más bonitos”.

Tomemos por ejemplo las bananas que se comercializan en los supermercados del país. Este fruto debería consumirse en su punto máximo de maduración, que es cuando logra adquirir pigmentación moteada y marrón en su cáscara expresando su potencial nutricional al máximo, pero a la hora de comprarlas solo vemos los ejemplares que se encuentran uniformemente verdes o amarillos, surgiendo la gran interrogante; ¿Qué ocurre con el fruto que se encuentra maduro y no se está comercializando? La respuesta es desgarradora, ya que son eliminados por no ser aptos para la venta. ¿Cómo puede ocurrir esta situación? A nivel mundial aún existe hambre, desnutrición y personas que no tienen acceso a una dotación básica calórica y nutricional para mantener un estado de salud óptimo en todas las etapas de la vida. Por lo tanto la pérdida no es solo el alimento en sí, sino todos los recursos que fueron destinados para la producción de éste como lo son el agua, la tierra, la energía y la mano de obra.

En Chile según un cálculo realizado por académicos de la USACH, cada familia chilena compuesta de cuatro personas desperdicia al año $162.686 / 239 USD, teniendo en cuenta tan solo lo perdido en pan, lechuga, arroz y papas.

¿De qué forma podemos evitar a nivel local el desperdicio de alimentos? Existen opciones múltiples y cercanas a nuestra realidad.

1. No compres alimentos perecibles en cantidades que no puedas alcanzar a consumir. Almacena frutas y verduras en forma de conservas o fermentados. También puedes congelar algunos alimentos en tu refrigerador para poder usarlos a futuro y no te dejes influenciar por ofertas que incluyen cantidades que sobrepasan tus capacidades de consumo y almacenamiento.

2. Al terminar las ferias libres, mucha cantidad de alimento queda a merced de todos nosotros para poder rescatarlo. Solo debes acercarte a los puestos que se encuentran en desinstalación y recoger frutas y verduras en estado maduro, golpeadas o simplemente olvidadas que irán a parar en basureros. Te asombrarás la cantidad de alimento que puedes conseguir de esta forma y como evitarás que se convierta en un desperdicio.

3. ¡Realiza compostaje de desechos en tu hogar! Es una forma sencilla de producir tierra fértil para producir tus propios alimentos a futuro ¡Cada acción cuenta y está en tus manos hacer la diferencia!



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