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Recuerdo aquel período en que mi tazón de leche con chocolate en la mañana más el yogur con “cereales” era el placer del nuevo día. Y también recuerdo las pastillas e inhaladores que sagradamente traía conmigo por si aparecía el picor en los ojos y piel, la congestión nasal o la crisis de asma.

La leche de vaca es un componente esencial casi obligatorio de la alimentación occidental, seamos conscientes o no de ello. Por años se nos ha vendido la idea de que es el alimento ideal para tener huesos fuertes, crecer sanos y gozar de salud.

Con esta serie de artículos sobre la leche, te invito a entender el por qué todas estas afirmaciones son mitos, y de paso, disminuir las enfermedades que este tipo de veneno blanco puede estar provocándote.

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CORREN LOS AÑOS

1600-1800. Si se tomaba leche era de la vaca que había en la familia en cantidades mínimas, y si se comían manzanas era del árbol de la esquina.

1800 – 1900. Nace la producción local y a baja escala de leche de vaca.

1900 – 1950. Tomando de ejemplo a Estados Unidos, el gobierno crea medidas políticas para promover el consumo y la producción de agricultura y ganadería local con sus derivados. Se forman grandes conglomerados industriales. Pasteurización y homogeneización de la leche.

1950-1980. Se gesta el boom de la producción a gran escala. Comienzan las grandes ganancias. Se crea la Asociación Unida de la Industria de Lácteos.

1980 – 2016. El departamento de agricultura de Estados Unidos (USDA) saca a la luz la típica pirámide alimenticia: hay que consumir 3 porciones de lácteos al día. Las industrias de leche y lácteos se transforman en un negocio multimillonario. Políticas de gobierno estimulan la producción industrial de lácteos para acaparar al público consumidor. El queso, la leche y sus derivados químicos se encuentran en más del 80% de los productos envasados.

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¿Y LA CIENCIA?

Algo extraño pasa en la historia. Se me perdió la importancia de la salud en todo este cuento. Si bien existió una amplia gama de evidencia científica entre 1930-2000 sobre los efectos adversos de la leche pasteurizada, al parecer los gobiernos de turno con sus respectivas asociaciones político-económicas no prestaron atención.

De igual forma, mucha información sobre la “importancia nutricional” de la leche de vaca como alimento fue publicada. Pero sólo se tomó en cuenta el contenido nutricional y no los efectos en el organismo humano. El foco estaba puesto promover el crecimiento económico del país. La leche y sus derivados fue una de estas estrategias.

Despejada esta parte central de la historia, revisemos conceptos fundamentales para comprender qué estamos ingiriendo.

PASTEURIZACIÓN Y CASEÍNA

Es el proceso mediante el cual se somete a calentamiento un comestible con el objetivo de disminuir parcialmente el contenido de bacterias y otros microorganismos que contiene, en este caso, la leche cruda. Existen varios tipos de pasteurización, las más utilizadas son las que contienen las siglas HTST (temperatura hasta 78 ºC) y esterilización UHT (temperatura hasta 132 ºC). La mayoría de las leches de vaca envasadas que se comercializan han pasado a través de estos procesos.

Sin embargo, esto no está exento de efectos secundarios. La caseína es la principal proteína contenida en la leche de vaca. Es 80 veces más grande que la proteína de la leche materna humana, y sometida a pasteurización se “desnaturaliza”, es decir, pierde su estructura original. ¿Que genera? Un químico llamado casomorfina, que al interactuar con glándulas en nuestro cuerpo genera una sustancia pegajosa (moco). Además, la caseína desnaturalizada se utiliza industrialmente para adherir las típicas etiquetas de botellas a sus envases. ¡Imagínate lo que hará eso dentro de tus intestinos!

Cualquier sustancia tóxica que se adhiera a las paredes intestinales será descubierta por nuestro sistema de defensas y generará inflamación para eliminarla. ¿Qué pasa si esto no se logra? Inflamación sostenida y progresiva en el tiempo. Una consecuencia de lo anterior es la producción de mucosidad inflamatoria, primero en el intestino, luego en todo el cuerpo (nariz, oídos, articulaciones, piel). En este medio ambiente alterado se sientan las bases para el crecimiento de bacterias y virus infecciosos. ¿Amigdalitis? ¿Sinusitis? ¿Asma y alergias? ¿Dolores de cabeza? ¿Acné? ¿Intestino irritable?

Coloquemos esto en perspectiva: lo ideal sería tener 4 estómagos y un largo intestino para procesar todo esto. Lo ideal sería ser un ternero. Pero el ser humano adulto no posee esta capacidad anatómico-biológica. Y en ningún caso recién nacidos, lactantes y niños.

Ahora bien, ¿que pasa con el famoso calcio? ¿Y los huesos sanos y fuertes? ¿Con qué otros alimentos puedo reemplazar la leche de vaca? Atento a la segunda parte, porque esta historia continuará.

 

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REFERENCIAS

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